A 13 AÑOS DE LA MUERTE DE OTHÓN SALAZAR RAMÍREZ

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1985
Por: Nicolás Hernández Castillo
Su ideal: levantar la conciencia del pueblo y luchar por el socialismo.
Nacido el 17 de mayo de 1924 en Alcozauca, Guerrero, Othón Salazar Ramírez optó por convertirse en normalista y se formó como maestro, ateo y comunista. Fue una especie de predicador rojo.
Othón vivió como quiso vivir: como revolucionario. Murió como quiso morir: entre su gente, en una sencilla cama hecha de varas de bambú y petates, enterrado en Alcozauca y con la bandera de la hoz y el martillo, la bandera comunista, en su ataúd. A su viuda, Esther Edita Bazán, le alcanzó a decir antes de irse: «me voy contento porque estuve a tu lado, con la gente, aunque no te dejo nada».
Sobre advertencia no hay engaño; el maestro declaró: «Si mañana fuera el último día de mi vida, las horas que me restan las entregaría a poner mi grano de arena en la tarea gigantesca de lograr que resurja la verdadera izquierda revolucionaria en el país».
Así lo hizo. Moribundo, seguía con entusiasmo la lucha de los trabajadores de la educación contra la Alianza por la Calidad de la Educación. «Él decía –recuerda su hija– que le recordaban sus tiempos, sus momentos cuando estaba en la lucha y que ojalá los maestros lograran todas sus demandas, que ellos deberían defender sus derechos».
Sin haber hecho nunca un voto de pobreza explícito, vivió con sencillez y sin lujos. No hizo negocios ni acumuló riquezas. Despojado de sus dos plazas como maestro por su participación sindical, vivió sin empleo fijo, apoyado por sus compañeros de partido o del movimiento, sin seguro social y sin pensión. Fue congruente con sus ideas.
Creyó siempre en las bondades de la palabra y la educación. Orador fuera de serie, aunque de otra época, estaba convencido de que su misión central era la de hacer conciencia, iluminar con el farol de la dignidad la oscuridad del racismo y la abyección, llamar a los oprimidos a levantar la voz y no dejarse.
Normalista rural, primero en Oaxtepec y luego en Ayotzinapa, asistió luego a la Escuela Nacional de Maestros. La educación y la escuela pública debían tener para él una misión liberadora. En ellas se requería enseñar las causas que originan la pobreza y la desigualdad. De allí que, al final de su vida, expresara un profundo pesar con la transformación de los centros de formación para el magisterio en instituciones para preparar sólo enseñadores, y de la conversión de las escuelas en templos del individualismo.
Según él, la escuela pública casi había sido ganada por los intereses del capital nacional y extranjero.
Dirigente nato, Othón desempeñó un papel clave en la formación de un sujeto magisterial de izquierda. En septiembre de 1958 fue secuestrado por la Policía Federal de Seguridad y torturado en cárceles clandestinas. Estuvo detenido 89 días.
Fue, durante años, uno de los villanos favoritos del régimen. La campaña en su contra fue implacable. En el artículo «El fascismo rojo en la huelga escolar», aparecido en Excélsior del 2 de mayo de 1958, se escribió: «en el movimiento othonista anda la mano rusófila…”
Después de plantearse la posibilidad de pasar a la lucha armada junto con maestros del Movimiento Revolucionario del Magisterio (MRM) y campesinos jaramillistas, se integró finalmente al Partido Comunista Mexicano (PCM) en 1964, y pasó a formar parte de su Comité Central. Sin embargo, años después, a pesar de su rechazo a la opción político-militar, consideró «la insurgencia armada indígena en Chiapas como uno de los datos de más alta valía y peso histórico para la vida nacional».
«Nunca –dijo refiriéndose a Elba Esther Gordillo– ni en los peores momentos, conocí a una dirigente magisterial sindical con un estado de conciencia tan vendido a los intereses económicos y del gobierno».
En 1998, decepcionado, renunció al Partido de la Revolución Democrática (PRD). Argumentó que «mi formación es marxista leninista y ya no encajaba en el ambiente político del PRD. No conozco mayor crimen que el que uno le dé las espaldas a sus ideas, prefiero quedarme silbando en la loma a dejar de luchar por mis ideales».
Para él, fue un error histórico haber disuelto el PCM. Decía que los métodos de hacer política del PRI y del sol azteca eran semejantes, pues el segundo «no se compromete con una política anticapitalista, como tampoco el PRI; el PRD lo ofrece todo a cambio de conseguir votos. Lo increíble, lo que es público además, es que se compran votos; se compran con dinero, y me pareció que esas formas de hacer política no tenía por qué compartirlas ni directa ni indirectamente».
En 2003 Othón Salazar, el predicador rojo plebeyo, advirtió: «Quiero merecer de por vida el título de revolucionario». Nadie podrá negar que con justicia y congruencia se ganara esa dignidad.
Cuando el 4 de diciembre de 2008, el corazón le dejó de latir, Othón Salazar Ramírez tenía 84 años de edad.

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