Roberto Santos

Para aquellos que no estaban convencidos de que la crisis de partidos era para todos, ayer quedó demostrado que ya alcanzó a Morena.
Si bien tiene más votos que los demás, también es cierto que acaban de demostrar que en su elección interna no respetaron sus estatutos ni los postulados que le dieron vida y que justamente por eso han tenido la fortaleza que los ciudadanos le han dado.
El único cambio que se vio es que no dieron tamales a quienes votaron por algunas candidaturas, sino barbacoa de chivo.
Y no está mal darle de comer a quienes acuden a las urnas, el problema es que les condicionen la comida a cambio de emitir su voto.
Acarreos, pago del voto, romper las filas de votantes para meter a los suyos, quemar las urnas al ver que no tuvieron los votos suficientes, recurrir a la violencia contra sus compañeros de partido fueron algunas de las prácticas que ha repudiado un alto porcentaje de la ciudadanía.
Los principios que dieron origen a este partido pronto se han perdido y así seguirá siendo pues al ser conformado por quienes migraron de otros institutos políticos con malas prácticas, lo hacen parecer como un partido en retroceso al no respetar la democracia y recurrir a tácticas para hacerse del poder propias del pasado del sistema electoral mexicano.
Afortunadamente para este partido, no todos actuaron de manera avasalladora y respetaron las reglas y sus estatutos.
No se sabe si son los menos o los más.
Eso dependerá del análisis que se hará en los días siguientes.
Lo que sí es cierto es que ha quedado de manifiesto el poder de convocatoria que tienen algunos personajes que ya están en el Congreso o en presidencias municipales, y sus votos no son más allá de mil, los más altos.
Algunos que ya son diputados no han pasado de 300 votos.
Es decir, sus militantes los están ubicando en su realidad.
La enseñanza es que deben bajarle unas treinta mil rayitas a su soberbia y ponerse a trabajar en serio y dar resultados a la población.